Partidos, vestuarios compartidos, risas en el hotel, piques sanos… Es el tipo de torneo del que luego se habla todo el año en el vestuario. Un finde de esos en los que desayunas en chándal rodeado de sticks y mochilas, comentas las jugadas de camino al pabellón, conoces gente de otros equipos que acaban siendo colegas en redes y terminas el día con cenas improvisadas, memes en el grupo y promesas de volver el año siguiente. No es solo ir a jugar: es un fin de semana entero de hockey, amigos y anécdotas nuevas para sumar.
